La agroindustria pinera no solo aplica las medidas establecidas para el ahorro energético, sino también contribuye a la sustitución de importaciones de pesticidas, caros en el mercado mundial y de difícil trasiego hacia el territorio debido a la situación actual con el combustible.
Jorge Luis Fleites Moya, director de la Unidad Empresarial de Base Aseguramiento, de la mencionada entidad, refirió que al ocuparse de la tarea de producir tabaquina, a partir de los desechos de la cosecha del tabaco, «montamos un área techada con dos tanques con capacidad para almacenar unos 16 000 litros del bioplaguicida», dijo.
Explicó que el proceso, todavía artesanal y primitivo, consiste en sumergir los desechos del tabaco en agua unas 72 horas y por cada litro se le añade una cucharada de cal viva, para desactivar al TMV (Tobacco Mosaic Virus, por sus siglas en inglés).
«Las primeras producciones las destinamos al consumo interno, específicamente en el cítrico y cultivos varios, en aras de observar la efectividad de la tabaquina y en consecuencia proyectar su aplicación en todas las formas productivas de Isla de la Juventud, un insecticida natural menos costoso y más beneficiosos que los abonos químicos», subrayó.